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CD - 2016
    
 
1.
Introitus 4’ 14”
2.
Kyrie 3’ 36”
3.
Graduale 2’ 31”
4.

Sequentia: Dies irae

6’ 18”
5.

Rex tremendae

7’ 07”
6.

Confutatis maledictis

1’ 46”
7.

Lacrimosa dies illa

2’ 26”
8.

Offertorium: Domine Jesu Christe

3’ 56”

Hostias et praeces Jaume Balius (? -1822)

1’ 49”
09.
Sanctus 1´27”
10.
Benedictus Domènec Arquimbau (1760-1829) 1’ 59”
11.
Agnus Dei 2’ 05”
12.
Communio 1’ 50”
13.

Absolta
Anònim (M. Gònima? 1710-1792)

Libera me Domine

12´29”
.
20 seg. de cada tema.


MISA DE REQUIEM (1774)

El 7 de mayo de 1774 moría en Girona después de una larga enfermedad el obispo Manuel Antonio de Palmero y Rallo, (Villalobos 1706) clérigo ilustrado y reformista, bien conectado con la Corte, ya que fue de los primeros obispos nombrados por el gobierno de Madrid –el 1756– con el permiso de Roma, de acuerdo con el Concordato de 1753. Él fue quien edificó la casa de Misericordia de Girona, edificio que su sobrino el obispo Lorenzana añadió al nuevo Hospicio que estaba construyendo y de ambos edificios salió la Casa de Cultura actual. Palmero fue partidario de la expulsión de los jesuitas (1767), expulsión que aprovechó para instalar el seminario diocesano en el convento que estos tuvieron que abandonar.
Aunque no conservamos los detalles de la ceremonia de su entierro, este debió ser muy solemne, siguiendo la tradición, según la cual cada estamento tanto de la ciudad como de la diócesis pondría su parte en la ceremonia para que resultase espléndida, La contribución musical fue a cargo del nuevo maestro de capilla, FRANCESC JUNCÀ, sacerdote que había ganado la plaza por oposición hacía apenas cinco meses. Girona vivía entonces unos años de crecimiento demográfico y económico después de la derrota de 1711: la creación de nuevos edificios señoriales y eclesiásticos junto con la restauración de antiguos palacios y la aparición de pequeñas manufacturas indican una nueva vitalidad urbana. Es en este marco expansivo que Juncà compuso el presente Requiem.
Francesc Juncà nació en Sabadell el 1742, fue niño de coro en Montserrat, pasando más tarde a maestro de capilla de Santa María del Mar en Barcelona, para ganar la plaza de Girona el 1774 cuando tenía 32 años. Estuvo aquí por poco tiempo, hasta 1780, cuando ganó la plaza de maestro de capilla de la catedral de Toledo, capital eclesiástica del estado, cargo que era el más elevado dentro del escalafón de la música eclesiástica. Con él empieza esta especie de colonización musical realizada desde Girona en catedrales situadas más allá del Ebro camino que continuaron sus sucesores Balius, Arquimbau i Pons. Juncà permaneció en Toledo hasta 1792, cuando se jubiló como maestro de capilla. Pero, en vez de volver a Barcelona o bien a su Sabadell natal, escogió Girona como residencia. Cuando regresó, tenía solo 50 años, se dedicó a muchas actividades distintas de les musicales, como buen ilustrado que sería, actividades todavía sin investigar, manteniendo siempre buenas relaciones con la corte de Madrid. Así lo mostró en marzo de 1814, cuando Ferrando VII liberado de su prisión de Valençay y camino de Madrid, permaneció cinco días en Girona, residiendo en Casa Carles, en la plaza del Vi de Girona. Salió de allí de madrugada y Juncà lo acompañó en nombre del capítulo catedralício hasta Arenys de Mar, límite de la diócesis, montado en su caballo, a pesar de sus 72 años. Su última actuación importante fue en 1826 con motivo de la construcción del nuevo órgano de la catedral, convenciendo al Cabildo para que lo emplazase en el centro de la nave única, acercándolo a los músicos y detrás del coro de los canónigos. Hoy todavía está en el mismo lugar.
Muchos de los feligreses gerundenses cuya imagen tenía Juncà en la cabeza cuando componía este Requiem eran burgueses dedicados a sus negocios que buscaban en la música religiosa un gozo cultural y un espacio de sociabilidad. El estilo musical utilizado por Juncà es designado hoy por algunos especialistas como estilo galante, estilo que huye de las complejidades del barroco, utilizando melodías fáciles y agradables con una instrumentación efectista. Si en la Girona del 1700 el maestro de capilla Josep Gaz miraba hacia la corte de Madrid cuando componía, y su sucesor Gònima, hacia 1750, miró hacia Nápoles, Juncà mirará hacia Viena y París. Pero a diferencia del estilo de sus contemporáneos de Viena –W.A. Mozart per ejemplo– Juncà no desarrolla en este Requiem ninguna construcción musical enrevesada, –temas, contratemas, variaciones y otros artificios musicales– sino que se limita a breves exposiciones de material melódico, escogido y muy variado, con una expresividad más que notable.
Cada una de las partes de esta misa de réquiem viene precedida de una breve introducción instrumental basada en los violines, seguida luego por las cuatro voces actuando en combinaciones diversas, coro, solos, dúos y tríos, voces que destacan en mayor o menor grado en función del significado del texto que el compositor desea resaltar. Juncà transmite a sus oyentes su interpretación del texto litúrgico mediante una combinación variada de voces e instrumentos, siguiendo las unidades definidas por los versos del texto. Son unidades relativamente breves, separadas por silencios muy útiles para preparar los oídos de los asistentes a los cambios de ritmo y de tonalidad que cada una de ellas comporta. Los fagots y la percusión curiosamente no están entre los instrumentos de la orquesta. Los diversos movimientos de la composición culminan en la Sequentia central, donde el compositor alcanza un notable nivel en la expresión de los estados de ánimo sugeridos por los admirables versos latinos, destacando las voces sobre los instrumentos, –algunos de sus solos son excepcionales– preponderancia invertida en los versos del Tuba mirum en los que las trompas aparecen en el primer plano sonoro. Igualmente destacables son los versos del Lacrimosa dies illa.
Finalizada esta misa funeral del obispo de Palmero se procedería a realizar una pequeña procesión dentro de la misma catedral hasta su tumba, situada delante del altar mayor. Mientras se realizaba esta breve procesión se cantaría el obligado responso: Libera me Domine, responso que seguramente es el que hay en una de las partituras anónimas del archivo capitular, partitura que por su estilo puede atribuirse a Manuel Gònima, maestro de capilla entonces recién jubilado. Por ello lo hemos añadido a este CD. El texto de este responso es enrevesado, con versos que se repiten varias veces y su instrumentación es similar al Requiem de Juncà, menos en los instrumentos de viento, ausentes. Siguiendo el estilo de Gònima, la pieza no tiene preludio instrumental y su movimiento inicial –muy triste, casi tétrico– contrasta con la tristeza contenida de la parte central.
Según la tradición, los cantos de los funerales solemnes eran interpretados tanto por la capilla de música como por el coro de los canónigos, estos cantados en gregoriano. El presente Requiem es un buen ejemplo de ello ya que el Tractus, la segunda estrofa del ofertorio –Hostias et preces– y la del Benedictus corresponden al gregoriano y por ello no fueron musicadas por Juncà. En este CD el canto gregoriano del segundo caso ha sido substituido por la misma estrofa sacada del Requiem de Jaume Balius (1781-85), sucesor de Juncà como de maestro de capilla de Girona, mientras que, el Benedictus, corresponde al texto homónimo de un notable motete de Domènec Arquimbau (1785-90), sucesor de Balius, motete en el que las trompas tienen un papel destacado. Arquimbau está enterrado en Sevilla, a donde llegó desde Girona. En el texto adjunto del Requiem el inicio de estos cambios viene indicado con un asterisco.


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